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El PRI obscuro

posted May 15, 2011, 6:48 PM by Elección México   [ updated May 15, 2011, 6:59 PM ]

Suele decir Agustín Basave que cuando Plutarco Elías Calles fundó lo que ahora se llama PRI, en realidad no quiso crear un partido sino un entero donde cupieran todos: pobres y ricos, obreros y empresarios, jacobinos y católicos, ejidatarios y latifundistas, capitalistas y comunistas... Así, "lo que en la normalidad democrática se da entre varios partidos, en México se procesaba dentro de uno solo" .

De ese modo, durante 70 años México tuvo un partido-entero en el que, más allá de sus sectores, convivieron una parte luminosa y una parte obscura que más de una vez derramó la sangre ajena. Y claro, de la convivencia de la luz con la sombra surgieron franjas de grises que a veces tuvieron fuerza propia y a veces se sumaron a una u otra zonas. Durante 70 años, el PRI y su jefe sexenal, el Presidente, dominaron en México. Y como le dijo Octavio Paz a Ignacio Solares en 1972, "el sistema no es democrático, pero nos salvó de un peligro cierto y de un mal general en todos los países de América Latina: el caudillismo" (Palabras reencontradas, Conaculta, 2010).

El PRI luminoso creó instituciones útiles a la nación, le dio estabilidad al país, impulsó la educación, la seguridad social y la industria petrolera, propició la generación de riqueza y defendió a los segmentos débiles de la sociedad, aunque no pudo evitar la pobreza de millones de mexicanos que fueron utilizados como carne de urna por el PRI obscuro, ese que durante décadas burló la voluntad popular en las elecciones, fue autoritario, propició la corrupción y la ilegal privatización del dinero público, erosionó las instituciones que el propio partido-entero creó y causó desde 1976 recurrentes crisis económicas.

Transcurrido el primer decenio del nuevo siglo, lapso coincidente con su apartamiento del poder, el PRI obscuro no ha cambiado. Su experiencia en la oposición no le ha quitado su autoritarismo, ni su propensión a jugar con cartas marcadas, ni su desprecio a los ciudadanos, ni su irrefrenable tendencia a la corrupción que hoy se advierte en casi todos sus gobiernos estatales.

Pues bien, el PRI que hoy frena la importante reforma político-electoral. El PRI que le teme al fin del monopolio de los actuales partidos en la postulación de candidatos. El PRI que no puede proteger los intereses de los trabajadores en una nueva ley laboral y prefiere congelarla.

El PRI que es incapaz de analizar y aprobar una reforma fiscal propuesta por uno de sus propios legisladores. El PRI que detesta la transparencia y quiere minar a la institución encargada de promoverla. El PRI que blinda y protege un neocaciquismo de corte absolutista en los estados.

El PRI que se empecina en revivir en el ámbito federal la regresiva "cláusula de gobernabilidad" (que debe desaparecer también en el DF), un artilugio legal que genera mayorías ficticias, refractarias a la pluralidad que caracteriza a las democracias.

El PRI que se empeña en imponer a dos de los tres nuevos consejeros electorales y de ese modo prolonga la anómala situación en el incompleto Consejo General del IFE. El PRI que quiere dar a las Fuerzas Armadas capacidades excesivas propias de un Estado policiaco.

El PRI que, reacio al consenso, impone al titular de la Unidad de Evaluación y Control de la Comisión de Vigilancia de la Cámara de Diputados, con el fin de dominar a la más importante fiscalizadora del país.

El PRI que no quiere competir sin tener al árbitro controlado. El PRI que sobredimensiona el poder de la televisión y pretende resolverlo todo con "infomerciales", spots y entrevistas a modo.

El PRI que añora el pasado y no desea pluralidad sino sometimiento. El PRI que ha tomado como rehén al Congreso de la Unión. El PRI que supone estar aún en la época en que podía impunemente burlarse del electorado.

Ese es el PRI obscuro, autoritario, propiciador de corrupción y de crisis económicas. Ese es el PRI que amenaza con volver a Los Pinos y materializar la nueva definición de Mario Vargas Llosa sobre México: "masoquismo colectivo".

Ese es el PRI de Enrique Peña Nieto, hoy en el papel de gran legislador y contumaz transgresor del artículo 134 constitucional, ante la complacencia de la mayoría de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, verdaderos tutores de la impunidad empeñados en demoler lo que les queda de credibilidad.

Por Eduardo R. Huchim ([email protected]), Periódico Reforma, 15 de Mayo del 2011

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