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"501" por Jaime Sánchez Susarrey

posted May 7, 2011, 10:27 AM by Elección México   [ updated May 7, 2011, 10:44 AM ]

Lo dijo Josefina Vázquez Mota, coordinadora del PAN en la Cámara de Diputados: Enrique Peña Nieto es el diputado 501. Lo repitió Carlos Navarrete, coordinador de la fracción del PRD en el Senado: el 501 es el responsable de que la reforma política se vaya a la congeladora.

La respuesta de la fracción del PRI en la Cámara de Diputados fue inmediata: nos mandaron la iniciativa al dos para las doce. No vamos a legislar al vapor. Vino luego la reunión del diputado 501 con el senador Beltrones, auspiciada por el presidente del PRI. Las sonrisas, sin embargo, no borraron las tensiones ni las contradicciones.

Todo está enmarcado en la contienda por la candidatura del PRI a la Presidencia de la República. Por primera vez, en mucho tiempo, el senador Beltrones logró impactar al gobernador del Estado de México. Porque mientras el presidente del Senado aparece como un reformador, Peña carga el sambenito de oponerse a cualquier cambio.

¿Es el caso? Lo sabremos con certeza en poco tiempo. No hay que olvidar, sin embargo, que Peña Nieto fijó su posición sobre la reforma política con toda claridad. Declaró, por una parte, su desacuerdo con la reelección, particularmente en el caso de los alcaldes. Y, por la otra, definió su preocupación por la creación de mayorías estables en el Congreso.

Para avanzar en el segundo frente propuso dos mecanismos alternativos: a) la cláusula de gobernabilidad, es decir, otorgarle al partido que obtuviera la mayoría relativa el número necesario de diputados para alcanzar la mayoría absoluta; b) eliminar la cláusula que prohíbe que un partido político tenga una sobrerrepresentación (número de diputados superior a número de votos) del 8 por ciento.

Las propuestas de Peña Nieto fueron, en su momento, descalificadas por los defensores a ultranza del principio de proporcionalidad. Dijeron que constituía un retroceso porque se inspiraba en el candado de gobernabilidad del 35 por ciento que incluyó la reforma política de 1989. Y que atentaba contra uno de los principales logros del cambio democrático en México: el pluralismo y la representación proporcional.

No sobra advertir que estos temas constituyen dilemas teóricos de la ciencia política y que, en ningún caso, se puede ser concluyente. Dicho de otro modo, la representación proporcional tiene ciertas ventajas sobre el principio de mayoría simple (sobrerrepresentación), pero también desventajas. Lo que nadie puede negar es que ambos modelos son democráticos y que funcionan a lo largo y ancho del mundo.

El recuento y contexto de esta historia son importantes porque algunos diputados priistas advierten que la discusión de la reforma política deberá incluir el tema de la gobernabilidad, que el Senado no contempla en la ley que aprobó y envió a la Cámara de Diputados.

En esa misma lógica no hay que olvidar que todas las reformas políticas, desde 1989 hasta 2007, han sido producto de la negociación entre las fuerzas políticas. Y lo que fue ayer no ha dejado de ser hoy. Se avanza cuando las partes ceden algo a cambio de otra cosa.

La permuta, en este caso, podría sintetizarse muy fácilmente: Peña Nieto podría entrar en la lógica de la negociación aceptando la reelección de senadores, diputados y alcaldes a cambio de que se incluyera la cláusula de gobernabilidad (35 por ciento) o la eliminación del tope del 8 por ciento a la sobrerrepresentación.

Semejante trueque seguramente irritaría a los fundamentalistas de la proporcionalidad que, además, consideran que la fragmentación del Congreso es una de las mayores bendiciones del estado actual de cosas. Pero ese punto de vista no agota ni zanja los problemas de gobernabilidad. Desde 1997 los gobiernos divididos han sido presas del entrampamiento político.

Pero más allá del juicio que esto merezca, un mínimo de realismo apunta en una sola dirección. El diputado 501 tiene la fuerza para congelar la reforma política y sólo entrará al aro de las negociaciones si obtiene algo a cambio. Y este algo es un mecanismo para crear mayorías estables.

¿Es la única vía? No, no es la única vía. La iniciativa de reforma que envió Felipe Calderón contemplaba la segunda vuelta en la elección presidencial como un mecanismo alterno para crear mayorías. Pero los senadores no se pusieron de acuerdo. Y lo más importante: los priistas jamás aceptarán dicho procedimiento, porque lo perciben como la reedición institucional de la alianza PAN-PRD en la contienda presidencial.

Fijadas las coordenadas y contenidos de la negociación resta una pregunta: ¿cómo hacerlo? Sentándose a negociar. ¿Quiénes? Los personajes fundamentales de la obra: Felipe Calderón, Manlio Fabio Beltrones y Peña Nieto. El acuerdo y los compromisos que adoptaran podrían y deberían concluir con la aprobación de la reforma política.

Recapitulo. El contenido de la reforma aprobada por el Senado es esencialmente positivo. No es una panacea, pero constituye un enorme paso adelante. Sólo los obtusos se niegan a reconocer, por ejemplo, que las candidaturas independientes, sin ser milagrosas, airearían para bien del ambiente político.

Y así otros elementos como la reconducción presupuestal, la iniciativa preferente y el referéndum. Todo esto fortalecería la institución presidencial y agilizaría su relación con el Poder Legislativo. Si a ello se añade un mecanismo para la formación estable de mayorías, sería mucho más lo que se avanzaría.

Así que ésta es una oportunidad de oro que el diputado 501 no debería desperdiciar. Menos aún si asume que esos cambios serán benéficos para quien quiera que asuma la Presidencia de la República en 2012.

Por Jaime Sánchez Susarrey, Periódico Reforma, 7 de Mayo del 2011

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