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Angélica Rivera pide confianza en su esposo Enrique Peña Nieto

posted Mar 31, 2012, 8:28 AM by Elección México   [ updated Mar 31, 2012, 8:28 AM ]

Angélica Rivera no se hizo del rogar. Subió veloz al templete, le plantó un beso a su esposo y gritó: "¡Hola mujeres!".

Las miles de muchachas, señoras, ancianas, niñas, funcionarias, militantes y curiosas que andaban en el salón de la ExpoGuadalajara reventaron en una ovación."Gracias amor, la verdad estoy muy emociona..." y la voz de la actriz comenzó a confundirse con la gritería y luego un coro que estalló: "¡socia! ¡socia! ¡socia!".

Era el "Encuentro con Mujeres", así marcado en el programa que cerraba el primer día de actividades del candidato priista a la Presidencia Enrique Peña Nieto. De las dos horas de duración, una hora completita fue dedicada por la pareja Peña-Rivera a recorrer el salón, mezclarse entre el sillerío, dejarse apapachar, dar autógrafos, recibir besos. Primero, a su ingreso al salón sobre las cinco y cuarto de la tarde vino un recorrido donde Peña era zarandeado por mujeres de distinto tipo. Rubias, morenas, altas, chaparras, obesas, delgadas, oficinistas, empresarias, secretarias, militantes, funcionarias, alcaldesas y hasta unas monjas que desobedecieron al Cardenal Sandoval quien había instado a sus fieles a no fijarse tanto en los copetes.

Apoyándose a veces en las mismas fanáticas, Peña se abría paso y saludaba. Su guardia --quien cuidara al Presidente Vicente Fox durante su sexenio-- no se despegaba ni un centímetro pero recibía mandobles de las féminas y un coro latoso que rezaba: "¡que saquen al güero, que saquen al güero!".

Durante su primer paseo Peña de repente desapareció de escena pues cayó de una de las sillas, pero sobraron manos y uñas para rescatarlo. Tras cuarenta minutos de recorrido comenzó el mitin. Habló la lideresa priista de Jalisco, María del Refugio Ruiz quien arremetió contra los gobiernos panistas que no atienden a las mujeres.

Luego cimbró: "nos prometieron seguridad y lamentablemente en muchos hogares siguen llorando por sus hijos desaparecidos". Fue ese, quizás, el único momento donde cesaron los gritos y la escandalera.

Tras el remanso, Refugio dijo: "usted nos hace sentir esperanza". Reapareció el borlote. "¡Sí se puede, sí se puede!".

¿Cómo son las mujeres priistas?

"Somos rebullangueras, pregúntanos a nosotras cuando andamos con Aristóteles, somos las más gritonas y yo creo por eso nos siguen las compañeras", afirmó Francisca Leticia Becerra, originaria de Atotonilco el Alto, Jalisco.

Entre la audiencia de las miles de mujeres que acudieron ayer al encuentro en la Expo Guadalajara había jovencitas de 18 años, como Itza Paola López, quien llegó con un vestido negro entallado hasta el muslo, tacones y maquillaje de fiesta. "Somos inteligentes y trabajadoras", aseguró esta joven que trabaja en una de las oficinas del PRI.

"La mujer priista es trabajadora, usualmente es jefa de familia y tiene entre 26 y 50 años, te lo digo porque lo hemos estado estudiando", indicó el candidato a diputado local y ex Alcalde de Tlaquepaque, Miguel Castro.

"El PRI promueve una mujer no sumisa, con iniciativa, propositiva y solidaria", comentó Rocío Corona, quien tuvo que renunciar a su aspiración a ser candidata a alcaldesa de Guadalajara para dejarle el paso a un hombre.

Pero en fin. Aristóteles Sandoval, el candidato a Gobernador tricolor en Jalisco y un auténtico clon del mexiquense lanzó un discurso encendido contra el maltrato a las mujeres.

Criticó a los hombres que irresponsablemente abandonan a sus mujeres y a sus hijos y a los "Ministerios Públicos" que maltratan a las mujeres agredidas que acuden a presentar su denuncia.

Peña Nieto, de camisa blanca y pantalón oscuro, escuchaba atento. Después subió al templete para improvisar por veinte minutos.

Tras escuchar denuncias por los feminicidios en Jalisco y la desaparición de jóvenes por la violencia, Peña se comprometió a "regresarle a México la paz, el orden, la seguridad, la tranquilidad y la libertad".

"Me presento como el candidato del cambio. Quiero cambiar a México", machacó.

Su fórmula fue sencilla para no tener traspiés en su discurso. Recordó los compromisos asumidos en la medianoche durante el arranque de su campaña; reiteró constantemente la importancia de la mujer.

"Yo sí sé de mujeres" dijo para despertar risas y aplausos y recordar que su actual familia es de seis mujeres y "por eso soy sensible a la inteligencia de las mujeres", remató.

Después firmó el compromiso por crear un Fondo de Garantía y Financiamiento para las mujeres emprendedoras no sin antes pedir a su esposa Angélica que dirigiera unas palabras.

"Hace rato me preguntaban muchas mujeres y me decían: Angélica vamos a votar por Enrique ¿podemos confiar en él?. De verdad, de corazón, les puedo decir que pueden confiar en este hombre que cree al cien por ciento en las mujeres...", dijo La Gaviota, ataviada con un pantalón beige y una camisa blanca.

Como si aclamaran a estrellas del pop, las priistas aplaudían, gritaban, lanzaban sonidos agudos ensordecedores. "Así como él dijo que necesita de las mujeres, nosotras te necesitamos a tí", dijo Rivera. Y san se acabó. Vino el beso en público como en las bodas y reaparecieron los gritos de "¡socia!".

Peña bajó para despedirse con otra vuelta por el sillerío para dejarse apretujar. Un integrante del equipo del candidato susurró: "esto es el puro cachondeo". Una mujer de blanco escuchó el desliz y le gritó: "dénse de santos que no lo hemos encuerado".

Tras veinte minutos de zarandeo y con La Gaviota ya fuera del salón, Peña traía la estampa de un lápiz labial carmín en el cachete derecho, un discreto embarramiento de otro de tonalidad rosa, la camisa un poco desfajada y en algunas zonas grisácea "pero eso no es todo, ¡vengo empapado!", exclamó.

Andaba feliz. Iba y venía. El mismo tomaba los celulares de las muchachas y solicitaba a un asistente que registraran las fotografías. A su lado, como ujieres, caminaban muchachos de chaleco verde. Uno decía con letras blancas en su espalda "Mi foto con Enrique" y era el fotógrafo dedicado a imprimir placas y luego regalarles la impresión a las seguidoras. Otro era el que recogía los regalos. Traía las bolsas del pantalón y del chaleco llenas, de pulseras, colgajos, dijes, dulces, cartas. Y apretujaba a su pecho un sarape y una caja negra con un cable rojo completamente inútil. No era bomba porque ya llevaba media hora con eso en el pecho y no había estallado. Eran las ganas de darle algo al candidato.

"Lo disfruto. Una campaña que no se disfruta no es campaña. Aguanto esto y más y palpo que la gente tiene ganas de cambiar. A la medianoche se reunieron 190 mil en 32 estados del país.

Empezamos bien", se ufanaba el candidato quien, a pesar de los remesones, besos, caricias y apretujones, no tenía ninguno de sus cabellos, incluidas las incipientes canas, en desorden. Si no gana, seguro anunciará gel.

Por José David Estrada y Roberto Zamarripa, Periódico Reforma, 31 de Marzo del 2012

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